Asociacion Argentina de Psiquiatras

Comunicado Día del Médico

Buenos Aires, 3 de diciembre de 2020

 

La Psiquiatría como Núcleo Fundante de Una Salud Mental Humanista

 

El campo de la Salud Mental (CSM) de nuestro país ha sido siempre escenario de debates teóricos encendidos, pero respetuosos de las individualidades de cada quehacer.  En los últimos tiempos, espacios destinados a la discusión interdisciplinaria, se han convertido en barricadas desde las que se  lanzan acusaciones falaces y arteras contra la práctica psiquiátrica.  Todas ellas ignoran el verdadero núcleo del problema : El Derecho de las Personas con Discapacidad por Trastornos Mentales a Recibir los Cuidados Adecuados, que dictan los avances de la terapéutica y la legislación vigente.

 

Las manifestaciones más ardorosas y polémicas surgen, casi siempre, de espacios alejados de la clínica cotidiana del sufrimiento psíquico humano, inspirados en un academicismo sociológico teórico.  Es de todo punto de vista evidente que la psiquiatría de la década del sesenta, que impulsó el cuestionamiento de la perimida política del “gran encierro”, no es la misma que practicamos en el siglo XXI.

La raíz de esta discusión, se encuentra en la diversidad de interpretaciones que ha generado la falta de una adecuada reglamentación e instrumentación de la ley 26657.

 

El gran avance que representaron en dicha ley el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad por padecimientos mentales, así como la propuesta del trabajo interdisciplinario y la inserción comunitarias, se vieron empañados por el hecho de que las viejas pullas anti psiquiátricas se infiltraron en forma acrítica en el texto de la norma.

El controvertido artículo 12 intenta avanzar sobre la regulación del ejercicio profesional y sus competencias y, sin ningún fundamento, insinúa que los medicamentos y las hospitalizaciones son, por defecto, avances sobre los derechos de las personas. En el mismo proceso, los redactores de la norma asumen una postura negacionista sobre los trastornos mentales, al referirse en forma difusa a padecimientos psíquicos, concepto borroso que abarca a toda persona que atraviese algùn tipo de dificultad. Como resultado, se   invisibiliza las formas clínicas más severas del sufrimiento mental y se vulnera, en forma directa, el derecho a recibir asistencia de las personas afectadas.

Para lograr plasmar este dislate, fue necesario que el debate legislativo de la norma fuera manipulado en forma artera, ignorando los numerosos aportes que habían

 

propuesto las dos sociedades decanas que nuclean a los trabajadores de la salud mental. El derecho humano inalienable de toda persona sufriente, cual es recibir el tratamiento adecuado para su padecimiento, comienza con el proceso de diagnóstico. La medicina hace siglos ha demostrado que los diagnósticos no son meras etiquetas, sino que se trata de procesos predictivos que permiten diseñar una hipótesis de trabajo terapéutica. No hay conducta más estigmatizante que ignorar la existencia de un trastorno que azota la vida de un individuo y su entorno. La banalización del sufrimiento psíquico consecuente es cualquier cosa menos inclusivo para las personas afectadas y sus familiares.

 

Sin lugar a dudas, estas maniobras germinaron en un discurso falaz e inicuo que cristaliza en tiempos recientes con acusaciones que sugieren que la tortura y el encierro forman parte de la práctica psiquiátrica. Esta criminalización de la psiquiatría se convierte en franca persecución, como hemos podido observar en las últimas horas. En la ciudad de Trelew se fuerza el cierre de una institución asistida ejemplar, sólo para hacinar a los pacientes “liberados” en un sitio inadecuado, pero bajo el control directo de los comisarios amigos. La totalidad de los trabajadores de la salud mental han expresado su unánime rechazo y hartazgo ante tales atropellos.

Es claro que estos movimientos persiguen intereses sectoriales, totalmente alejados de las necesidades de las personas afectadas de trastornos mentales.

 

Es hora de dar vuelta la página de las discusiones teóricas y comenzar a trabajar en forma mancomunada para que, en un país donde la conciencia sobre el padecimiento psíquico es masiva, demostremos que somos capaces de ponernos de acuerdo sobre cuestiones básicas y poner en movimiento un verdadero plan nacional de salud mental.

Este plan debe involucrar a todos los actores, reconociendo las incumbencias y especialidades de cada uno. Médicos Psiquiatras, Psicólogos, Enfermeros, Terapistas Ocupacionales, Trabajadores Sociales, Musicoterapeutas, etc.

 

Concebir una Salud Mental sin psiquiatría, es un desvarío que sólo puede sustentarse en una ignorancia profunda. Consideramos que el desconocimiento de los aspectos médicos de los trastornos mentales, es un juego intelectual insostenible para cualquiera que indague en forma honesta los intrincados determinantes de los mismos. Si los inquisidores de la psiquiatría abandonaran por un instante viejas lecturas ideológicas de la década del sesenta, podrían tomar nota del rol central de la psiquiatría y las neurociencias en el campo de la salud mental.

 

 

 

Las complejas investigaciones científicas epidemiológicas que pusieron en evidencia  determinantes psicosociales insospechados en la génesis de los trastornos mentales,fueron generadas por departamentos de psiquiatría de prestigiosas universidades. La idea de que la psiquiatría sólo responde a intereses de la industria farmacéutica denota, al mismo tiempo, una inquina malintencionada y una pobreza conceptual abrumadoras. Son justamente las sociedades psiquiátricas las que regulan, y aconsejan sobre el uso adecuado de los recursos biológicos a través de guías de tratamiento, disponibles para cualquiera verdaderamente interesado en conocer el estado del arte de la ciencia médica psiquiátrica.

 

Los programas de intervenciones precoces o primeros episodios, son  una propuesta de la psiquiatría científica. Como toda intervención médica precoz, busca atenuar los efectos de los padecimientos y disminuir la carga de la enfermedad y las hospitalizaciones. Estos programas interdisciplinarios, llamativamente ignorados en el discurso de los inquisidores, fueron implementados hace tiempo en países desarrollados y demostraron ser la mejor herramienta para lograr lo que ha sido denominado “Una reforma basada en la evidencia”. Da la impresión que el respaldo académico que hubiera permitido una normativa actualizada y nutrida de los avances científicos, estuvo ausente en el proceso y se eligió bajar del desván viejos argumentos ajados por el tiempo.

 

La falta de disponibilidad de camas de internación por trastornos mentales es una consecuencia del proceso de desmantelamiento, que se elige invisibilizar porque le resta fuerza al argumento de “desmanicomialización”. En nuestro país no hay manicomios hace mucho tiempo, sino hospitales especializados interdisciplinarios abandonados durante décadas por las autoridades políticas. Por eso coincidimos en la necesidad de la modernización y equipamiento de los mismos. El relevamiento realizado para determinar la población de personas en condiciones de internación crónica tiene vicios de diseño insalvables, ya que fue pensado para confirmar el prejuicio de los presuntos investigadores.

 

Por las características propias de las personas con trastornos mentales graves, los servicios de psiquiatría en hospitales generales sólo pueden resolver algunas situaciones, pero no la mayoría. Ante el argumento de una psiquiatría “hospitalocéntrica” es menester explicar el rol insustituible del hospital en el contexto de una política sanitaria con distintos niveles de complejidad. El hospital especializado deberá seguir cumpliendo su rol actual de dispositivo de alta complejidad,

 

adecuadamente equipado con personal y recursos tecnológicos para permitir que el equipo interdisciplinario brinde respuestas diagnósticas y terapéuticas en los casos más graves y complejos.

 

Es necesario recalcar que el tratamiento comunitario no reemplaza a la hospitalización especializada en el contexto de trastornos mentales severos y agudos. Los dispositivos de inserción comunitaria cumplen un rol fundamental, pero diferente, que no reemplaza al hospital  sino que lo complementa en momentos evolutivos apropiados de los trastornos. Pretender que este modelo puede dar respuestas a las situaciones agudas y dramáticas que suelen plantear los trastornos mentales, solo pone en evidencia la ignorancia y falta de conocimiento clínico de quienes lo postulan. En forma lamentable, la reciente sucesión de hechos dramáticos que involucraron personas con trastornos mentales severos, pone en evidencia la incapacidad del marco regulatorio actual para generar el contexto que facilite el acceso rápido y efectivo al tratamiento adecuado y en el contexto apropiado.  Estudios escandinavos de cohorte de muy reciente publicación, destacan un dato que la comunidad de trabajadores de la salud mental conocen: los trastornos mentales en su conjunto, son un factor de riesgo para la ocurrencia de episodios de violencia, tornando imperiosa la generación dispositivos que faciliten la intervención temprana y efectiva en situaciones de riesgo, que es frenado por el vacío generado por la inadecuada reglamentación.

 

Como queda claro, no defendemos a la psiquiatría, sino a quienes son su razón de existir: las personas afectadas de trastornos mentales. El quehacer médico es siempre objeto de análisis y críticas que son bienvenidos. De hecho, los dos pilares que construyen la medicina moderna son un compromiso irrenunciable con el sufriente y una actitud inquisitiva para cuestionar lo que se da por sentado. La medicina tiene la capacidad de autodepurarse de sus vicios y creencias a través de su apoyo en la investigación científica.

Consideramos que no existe ninguna razón para arriar las banderas del humanismo y la búsqueda de respuestas científicas en nuestra lucha por comprender y aliviar el sufrimiento psíquico humano. Es menester recordar que los primeros que decidieron romper las cadenas de las personas con trastornos mentales, fueron médicos: Pinel, Esquirol, Chiarugi y Reil sentaron las bases científicas y humanistas de la disciplina que hoy llamamos psiquiatría, la cual tiene un rol fundante y central en el enorme campo de la Salud Mental.

 

 

 

Están dadas las bases para que todos los actores del Campo de la Salud Mental comencemos el diálogo necesario para construir y que sitúe al bienestar psíquico de la comunidad como norte de nuestra actividad.

 

No hay diálogo sin respeto, ni  Salud Mental sin Psiquiatría.

 

Dr.  Marcelo Cetkovich, Vicepresidente AAP                                          

Dr. Ricardo Corral, Presidente AAP

 

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